Aplicaciones de la IA: Robots Autónomos

 En Inteligencia Artificial

La autonomía móvil de las máquinas ha sido objeto de estudio desde los años treinta. El primer prototipo capaz de moverse libremente dentro de un espacio no necesariamente conocido fue creado por Grey Walters a principios de 1940.

Este robot fue bautizado por este neurólogo americano como Machine Speculatrix. Aunque este prototipo tuviera movilidad libre, no contaba con un procesamiento cognitivo que le permitiese moverse por el espacio de forma autónoma, sino que seguía fuentes de luz.

En contraposición a este inicio, en el pleno crecimiento tecnológico desmesurado del siglo XXI, el robot con mayor capacidad de movimiento autónomo es Kengoro, una bestia de la ingeniería que se encuentran desarrollando numerosos científicos en la Universidad de Tokyo.

Cuenta con más de 100 motores que permiten simular el movimiento humano con una gran exactitud. Otros robots destacados son los fabricados hoy en día por Boston Dynamics.

Sin embargo, este modelo bioinspirado en los humanos no es el único protagonista de este avance. Todos hemos visto alguno de los coches autónomos de Tesla en las carreteras (aprovecho para compartir un modelo expositivo del nuevo Tesla Model X que vi el otro día aparcado en la calle).

Fundamentos de los Robots Autónomos

Un robot que es capaz de tomar sus propias decisiones se dice que es un robot autónomo. Un robot autónomo es aquel que percibe el entorno, toma decisiones para interactuar con él y actúa.

La percepción implica el uso de sensores, que es un dispositivo capaz de captar magnitudes físicas (distancia, temperatura, sonido, luz…) y es la fuente de información que nutre al robot. Con estos instrumentos, la máquina puede determinar en qué lugar se encuentra, en qué condiciones y son el fundamento del procesador.

El procesador es lo que permite al robot tomar decisiones. Hay muchas formas de implementar un procesador, pero la más utilizada se fundamenta en el enfoque reactivo, que permite un funcionamiento de todos los niveles del procesador de forma simultánea (hablaremos de ello más adelante).

Finalmente, los actuadores permiten llevar a cabo las decisiones tomadas por el elemento anterior y que conducen, por ejemplo, a que un robot gire en un momento dado si se acerca demasiado a una pared, o que aumente la potencia de sus motores si el robot se mueve sobre una cuesta arriba… En concreto, los actuadores están compuestos, principalmente, por motores.

Estas máquinas son utilizadas en prácticamente todas las industrias y áreas del mundo moderno, pero pueden distinguirse claramente tres grupos: robots terrestres, aéreos y submarinos. Dependiendo de su función, varían los sensores y los actuadores, pero el procesador suele ser similar y sigue la misma arquitectura. Por ejemplo, un robot terrestre no tiene mucho sentido que tenga hélices en lugar de ruedas o patas. Sin embargo, un robot aéreo, debería contar con ellas.

En resumen: un robot autónomo es aquel que es capaz de moverse y tomar sus propias decisiones de forma automática, sin la intervención humana. Se componen de tres herramientas para ello: sensores, procesadores y actuadores.

Dentro de la serie de posts de Inteligencia Artificial en el blog de Avansis, en próximos posts trataremos en qué consisten estos procesadores y por qué son tan importantes.

Autor: Carlos Vázquez, Data Scientist | AI Engineer en Avansis

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